Jordi llama desde Barcelona a su hijo Pep que emigró a Toronto y le dice:

Lamento arruinarte el dia, pero tengo que informarte que tu madre y yo nos estamos divorciando . Cuarenta y dos años de sufrimient es suficiente.

Papá, ¿de que estás hablando? ¡Y justo antes de las fiestas! grita el hijo.

No podemos soportar seguir viéndonos, le contesta el padre. Estamos hartos el uno del otro, y estoy cansado del tema, así que es mejor que tu llames a tu hermana Montse en Texas para contárselo.

Y cuelga el teléfono.

Desesperado, el hijo llama a su hermana quien explota en el teléfono:

¿cómo que se están divorciando? ¡yo me hago cargo del asunto!.

Inmediatamente la hija llama al padre y le dice:

¡vosotros no os divorciais!. No hagais nada hasta que yo llegue. Ahora mismo vuelvo a llamar a mi hermano y vamos los dos para Granollers. Hasta entonces no hagáis nada eh, ¿te has enterado bien?

El padre deja el teléfono, mira a su esposa y le dice:

Muy bien Laura, todo ha salido perfecto...los dos vienen para las fiestas y...¡¡¡¡SE PAGAN LOS BILLETES!!!!